El universo cinematográfico de John Wick ha evolucionado, con cada entrega, de una historia simple de venganza a un complejo entramado de reglas, alianzas y códigos dentro de un mundo de asesinos de elite. Desde su primera película en 2014, este universo ha construido una mitología reconocible, donde el Hotel Continental, las monedas doradas, los clanes secretos y los pactos de sangre conviven con una acción estilizada, casi coreográfica, y un fuerte código de honor. En ese contexto, Ballerina, el nuevo spin-off protagonizado por Ana de Armas, se presenta como una extensión de este mundo, con la promesa de aportar una nueva perspectiva. Sin embargo, los resultados generan opiniones divididas.
Ballerina gira en torno a Eve(Ana de Armas), una joven marcada por la tragedia que decide unirse a la misteriosa orden de la Ruska Roma, en busca de venganza por el asesinato de su padre. Su historia ocurre en un momento que el relato principal no se detuvo a mostrar del universo Wick, en un tiempo entre la tercera y cuarta entrega de la saga principal. Aparecen elementos familiares como Winston, el Hotel Continental y las estructuras de poder que el público ya conoce, pero también nuevos personajes, clanes y relaciones que buscan aportar frescura a la narrativa general.
La dirección estuvo a cargo de Len Wiseman, quien aporta su experiencia en el cine de acción estilizada y visualmente impactante. La cinta cuenta con una producción impecable: la fotografía, el vestuario, la escenografía y la banda sonora están a la altura de lo que se espera de una franquicia como John Wick. Las secuencias de combate, las coreografías y la ambientación urbana siguen transmitiendo ese lenguaje visual frío y elegante que se ha convertido en seña de identidad de la saga.
Uno de los aciertos más notables de Ballerina es su protagonista. Ana de Armas entrega una actuación comprometida, físicamente exigente y con una presencia que logra sostener muchas de las escenas de acción, ya había dado muestras de su potencial en géneros similares, y aquí tiene el espacio para brillar, su interpretación transmite determinación y vulnerabilidad, aunque el guion no siempre le permite explorar a fondo la emocionalidad de su personaje.

Visualmente, la película está muy bien lograda, el diseño de producción construye escenarios que se sienten dentro del universo Wick, pero al mismo tiempo amplía el mapa: hay nuevos entornos, climas y espacios que enriquecen la geografía de este mundo oculto de asesinos. La banda sonora, que mezcla tensión y melancolía, refuerza ese tono estilizado que caracteriza a la franquicia.
La acción, por supuesto, ocupa un lugar central, las coreografías de combate tienen momentos destacables, y algunas secuencias están entre las más creativas que ha ofrecido la saga. Se nota el cuidado en la ejecución física y en la puesta en escena, con planos largos y movimientos fluidos que recuerdan el estilo ya establecido por Chad Stahelski, director de las anteriores entregas.
A pesar de su potencia visual y de su elenco, Ballerina presenta tropiezos narrativos. El guion opta por una estructura clásica, pero sin profundizar demasiado en las motivaciones emocionales de la protagonista, las motivaciones nunca se construyen: no conocemos al padre, no sentimos su pérdida, no entendemos por qué ella decide vengarse, no hay pasado emocional y no se explora a fondo la relación entre Rooney y su padre, ni se justifica del todo el peso simbólico de su pérdida.

Asimismo, el tratamiento de las reglas del universo Wick es inconsistente. Algunos elementos que anteriormente parecían inquebrantables ahora se modifican según la conveniencia de la escena, lo que puede generar desconcierto entre los seguidores más atentos. Las tensiones entre clanes, los códigos de conducta y las consecuencias por romper pactos no siempre están claras, lo que debilita la cohesión del mundo narrativo.
Uno de los momentos más esperados por los seguidores de la franquicia era el cameo de John Wick, interpretado por Keanu Reeves. Aunque su aparición funciona como un guiño narrativo para conectar la historia con el eje principal de la saga, su intervención resulta breve y un poco carente del peso dramático que muchos anticipaban. Lejos de aportar profundidad o revelar nuevos aspectos del personaje, su presencia se limita a una escena puntual que, si bien mantiene el tono enigmático de Wick, no consigue generar el impacto emocional ni argumental que se podría esperar de una figura tan central en este universo.
Otro punto que genera debate es el equilibrio entre representación y narrativa. La película introduce ciertos temas de empoderamiento femenino y diversidad, pero a veces lo hace de forma simbólica o poco desarrollada, sin integrarlos plenamente a la evolución de los personajes o al conflicto central. Esto puede hacer que algunos momentos parezcan forzados o carentes de profundidad.

Ballerina no es una película fallida, pero sí es una entrega irregular dentro de una franquicia que ha acostumbrado a su público a altos estándares. Tiene fortalezas claras en su ejecución técnica, en su ambientación y en el compromiso de su protagonista, pero también presenta debilidades estructurales que impiden que la historia conecte emocionalmente con la fuerza de las anteriores.
Lo que se extraña, quizás, es esa sensación de urgencia que tenía la primera entrega de John Wick. Allí, una motivación simple estaba cargada de significado. En Bailarina, las decisiones de los personajes no siempre se sienten motivadas o justificadas, lo que resta peso a las consecuencias.
No obstante, el proyecto tiene méritos, funciona como una pieza de acción estilizada que puede entretener, especialmente, a quienes disfrutan de las coreografías y del lenguaje visual característico de la saga, además, amplía el universo con nuevas locaciones, alianzas y posibilidades para futuras entregas.
En definitiva, Bailarina es una película que genera sentimientos encontrados. No logra estar a la altura de las mejores entregas del universo Wick, pero tampoco puede descartarse como una simple derivación fallida. Es, más bien, un experimento ambicioso con resultados mixtos: una historia con potencia visual, una protagonista con carisma, y un universo que, si bien tambalea en esta entrega, aún tiene mucho por ofrecer.







