En los últimos años, ha surgido una preocupación creciente entre quienes siguen de cerca la evolución de los videojuegos: y es si está el fenómeno del hype (esa exagerada expectativa mediática y comercial) afectando negativamente al mundo del gaming? Esta interrogante cobra especial relevancia al observar casos como el del juego táctico Ready Or Not (2023), que pese a su calidad y fuerte mensaje, pasó desapercibido en premios y reconocimientos importantes, como los Game Awards.
Este juego es un claro ejemplo de cómo títulos con gran impacto en sus comunidades pueden quedar opacados frente a producciones que dominan el espacio mediático por motivos ajenos a su calidad o innovación. La situación plantea una reflexión profunda: ¿la atención masiva se concentra solo en producciones con grandes presupuestos y campañas publicitarias, dejando de lado juegos menos promocionados pero igualmente valiosos?
Esta reflexión no es nueva, de hecho, el debate sobre la influencia del marketing y la cobertura mediática en el éxito o fracaso de los videojuegos ha estado presente desde hace años. Muchos títulos excepcionales quedan fuera del radar porque no cumplen con los criterios tradicionales de “éxito comercial” o “popularidad mediática”. En plataformas como Steam, por ejemplo, es posible encontrar juegos con miles de calificaciones positivas y una comunidad fiel, pero que rara vez reciben atención de los grandes medios o de la prensa especializada.

Este fenómeno recuerda a lo que sucede en otros ámbitos culturales, como el cine. En los Premios Oscar, por décadas, las películas nominadas no necesariamente fueron las más taquilleras, sino aquellas que ofrecían una visión artística o narrativa particular, a menudo con menor difusión comercial, sin embargo, en el mundo de los videojuegos, existe una tendencia marcada a premiar y promocionar exclusivamente aquellos títulos con mayores ventas o producción millonaria, relegando a los juegos independientes o menos convencionales a categorías aparte, como la de “mejor juego indie”, como si no fueran parte integral de la industria.
Esta fragmentación genera una paradoja: mientras que la industria ofrece un catálogo cada vez más amplio y diverso, la percepción pública se concentra en un número reducido de juegos altamente promocionados. Por otro lado, la nostalgia y el amor por la exploración han disminuido. En épocas anteriores, los jugadores eran verdaderos “gourmets” que probaban constantemente títulos nuevos y variados, explorando sin prejuicios ni etiquetas. Hoy, ese apetito parece haberse reducido, y se observa una mayor dependencia de tendencias y recomendaciones mediáticas.
Esta realidad también se refleja en la forma en que los creadores de contenido y la comunidad valoran los juegos. Canales de YouTube con millones de seguidores, como los de Fernan Flow o El Rubius, han popularizado juegos menos conocidos que no aparecen en los rankings comerciales tradicionales, fomentando así el descubrimiento de nuevos universos lúdicos. Juegos como Five Nights at Freddy’s o Happy Wheels lograron convertirse en fenómenos de culto gracias a esa dinámica, lejos de las grandes campañas de marketing.

A nivel más técnico, el acceso a herramientas de desarrollo y motores de código abierto, como Godot, ha democratizado la creación de videojuegos, permitiendo que proyectos apasionados y cuidadosos vean la luz sin el respaldo de grandes estudios. Esto amplía aún más el catálogo y la variedad, pero también dificulta la visibilidad en un mercado saturado.
Asimismo, la historia del videojuego está llena de ejemplos donde títulos menos populares o “retro” aportaron innovaciones y experiencias únicas. Proyectos como C64 Dreams, que recopila una selección curada de miles de juegos del Commodore 64, permiten a las nuevas generaciones descubrir la riqueza de épocas pasadas, con joyas que muchas veces superan en calidad o ideas a producciones contemporáneas más visibles.
El verdadero problema no es la cantidad o calidad de videojuegos, sino cómo se gestiona la información, la promoción y la cultura alrededor de ellos. La prensa, los medios, las redes sociales y la misma comunidad juegan un papel crucial en la construcción de una cultura gamer más abierta y diversa, que no se limite a premiar únicamente los grandes lanzamientos o las franquicias de moda.

Finalmente, la reflexión queda abierta para que cada jugador y creador pueda aportar su mirada sobre qué es realmente valioso en el mundo del gaming. La invitación es a explorar más allá del hype, a descubrir y valorar la riqueza que existe en un catálogo amplio y variado, y a entender que el videojuego es un medio tan diverso como la cultura misma. Solo así la industria podrá seguir creciendo de manera saludable, inclusiva y apasionante.







