En el mundo de la cultura pop y los videojuegos, no es raro que ciertos estereotipos y prejuicios se mantengan vigentes, especialmente cuando se habla de adultos que disfrutan de hobbies como el coleccionismo, el anime o los videojuegos, para ilustrar esta realidad, tomaremos como referencia un caso particular que generó gran controversia de un programa llamado Ponte al Día, donde se abordó el coleccionismo desde un enfoque bastante polémico. En la sección, invitaron a un coleccionista de figuras de videojuegos, y el programa lo presentó bajo la bandera de “hombre por fuera, niño por dentro”, reforzando ese estereotipo que aún persiste: que los adultos apasionados por los videojuegos, cómics, anime o el coleccionismo son simplemente inmaduros o que no han sabido hacerse cargo de sus vidas.
Este tipo de representaciones reducen una afición legítima y rica en matices a un cliché, ignorando la diversidad y complejidad que rodea a quienes viven y disfrutan estas culturas. El coleccionista Cristian, protagonista del programa, vio cómo su pasión fue utilizada para crear una imagen negativa, algo que no es ajeno para muchos dentro de estas comunidades. En efecto, esta etiqueta de “adulescentes” o “síndrome de Peter Pan” se usa con demasiada facilidad y sin considerar el valor real que estos hobbies aportan a la vida de las personas.

Más allá de prejuicios y de un sensacionalismo que busca clics, hay una realidad que merece ser contada. Muchos, como Cristian, abren las puertas de su casa para compartir su pasión y encuentran en respuesta una visión sesgada y reductiva. Pero, ¿qué pasa cuando estas etiquetas caen? La cultura pop, los videojuegos, el anime y el coleccionismo son herramientas de expresión, vehículos para la creatividad, el aprendizaje, la nostalgia y, sobre todo, el disfrute.
Es importante reconocer que esta lucha no es nueva, desde hace años, quienes disfrutan de estas actividades han lidiado con miradas prejuiciosas que no comprenden que la madurez no se mide por abandonar lo que uno ama, sino por saber equilibrar responsabilidades y pasiones.
El videojuego, en particular, es mucho más que un simple entretenimiento para niños, es un medio artístico que reúne cine, literatura, música y arte con un factor interactivo único. Títulos como The Last of Us, Detroit: Become Human o This War of Mine abordan temáticas profundas y maduras, que inspiran, educan y provocan reflexión, demostrando que el público adulto es tan válido como cualquier otro.

Por otro lado, la utilidad de los videojuegos va más allá del ocio, en campos como la psicología laboral, simuladores inspirados en videojuegos ayudan a evaluar habilidades, metodologías y adaptabilidad de los candidatos a empleos. En la industria, juegos y simuladores de realidad virtual permiten entrenar sin riesgos antes de enfrentar situaciones reales.
Lamentablemente, el estigma persiste y a menudo es más fácil culpar a los videojuegos por problemas sociales que entenderlos como un fenómeno cultural y tecnológico en evolución. Sin embargo, el mundo avanza y poco a poco se van derribando esas barreras mentales. Lo que antes era considerado “para nerds” o “para ratones de biblioteca” ahora es sinónimo de cultura y conocimiento.
Por eso, para quienes forman parte de estas comunidades o quienes sienten pasión por el anime, los videojuegos, el cine o el coleccionismo, el mensaje es claro: si este mundo te llena, te hace crecer y te aporta, no dejes que nadie te diga lo contrario. La pasión bien canalizada es un motor que impulsa a lograr metas, desarrollar habilidades y disfrutar la vida.
En definitiva, más allá de etiquetas, lo que importa es vivir con autenticidad, sin miedo al juicio externo. Porque crecer no significa renunciar a lo que te hace feliz, sino aprender a integrar todas las facetas de tu vida con respeto y equilibrio.







