En un panorama saturado por adaptaciones live action que suelen perder el alma de sus versiones animadas, DreamWorks presenta una excepción inesperada: Cómo entrenar a tu dragón Live Action (2025). Esta reinterpretación con actores reales de la aclamada cinta animada de 2010 no busca reemplazar el material original, sino rendirle homenaje, expandirlo y ofrecerle al espectador una nueva forma de conexión emocional.
La película dirigida por Dean DeBlois quien es el mismo responsable de la trilogía animada logra lo que pocos remakes contemporáneos han conseguido: respetar la esencia mientras se atreve a sumar algo nuevo, en esta ocasión, el enfoque técnico, narrativo y emocional no solo está cuidado al detalle, sino que se percibe como un acto de amor genuino por la obra original.
La experiencia de ver esta nueva versión en live action es comparable a la de descubrir un remake bien hecho de un videojuego clásico: la historia es la misma, pero la forma de vivirla cambia, como sucediera con Resident Evil 2, tanto la versión original como la reinterpretación tienen su propio valor, adaptado a las sensibilidades y tecnologías de su época.

Aunque el 3D de 2010 sigue teniendo fuerza artística, es innegable que el salto tecnológico permite hoy una representación más tangible del mundo de Berk. Cada elemento, desde los acantilados hasta la cueva de los dragones ha sido reconstruido con precisión casi artesanal. El vuelo de Hipo sobre Chimuelo, por ejemplo, adquiere una carga física y sensorial distinta gracias a la cámara, la dirección y los efectos prácticos.
El anuncio del elenco provocó reacciones mixtas, especialmente por la elección de Nico Parker como Astrid. Sin embargo, su actuación demostró estar a la altura del personaje: transmite fuerza, determinación y liderazgo con total convicción. En cuanto a Mason Thames, el joven actor encargado de interpretar a Hipo, su entrega emocional y comprensión del personaje revelan una conexión auténtica con la historia original.
La aparición de Gerard Butler como Estoico el Vasto quien ya había dado voz al personaje en la animación, es otro acierto rotundo, su presencia física y expresividad elevan al personaje, aportándole una dimensión emocional más cruda, más cercana.

Lo que distingue a esta adaptación de otras es su voluntad de enriquecer, no se limita a replicar escena por escena la cinta de 2010, sino que explora nuevos matices: los conflictos internos de los personajes, el peso de las decisiones, el simbolismo de los dragones. La narrativa mantiene su estructura, pero profundiza en temas como el liderazgo, la pertenencia y la empatía.
Algunos cambios menores en la trama o en la construcción de ciertos personajes como Brutilda o la historia del origen de Berk pueden generar ruido en los espectadores más puristas. Sin embargo, estos ajustes no alteran el corazón de la historia, si algo consigue esta nueva versión es hacerla aún más accesible y emotiva, sin traicionar la esencia que la volvió inolvidable hace más de una década.
Desde el punto de vista técnico, la película es un ejemplo de cómo utilizar los recursos actuales para potenciar la narrativa sin depender únicamente del efecto nostálgico. La dirección artística, el diseño de producción y la cinematografía sumergen al espectador en un universo creíble, pero todavía lleno de magia.
La banda sonora de John Powell, en particular la emblemática “Test Drive”, regresa en una versión renovada, con arreglos que amplifican la emoción sin opacar la fuerza del tema original. Cada decisión sonora y visual está pensada para complementar, no sustituir.

La comparación es inevitable, pero esta nueva versión no está diseñada para competir con la animación, sino para dialogar con ella. La cinta de 2010 tiene un ritmo más ágil y una estética que, aún hoy, sigue siendo poderosa. Esta nueva entrega, en cambio, se apoya en el realismo para entregar emociones más inmediatas y una cercanía que solo los actores en carne y hueso pueden ofrecer.
Filmada para IMAX, su despliegue visual es impresionante, las secuencias de vuelo, las coreografías de combate y los paisajes vikingos aprovechan cada centímetro de pantalla, ofreciendo una experiencia sensorial que complementa perfectamente a su antecesora animada.
En lugar de seguir la fórmula Disney de reproducir sin alma, esta propuesta se centra en aportar. Se trata de un trabajo que respeta tanto a los fanáticos como al material original. Y lo más importante: demuestra que es posible trasladar una historia animada al lenguaje del live action sin perder lo que la hizo especial.

Para quienes crecieron con Hipo y Chimuelo, esta nueva versión es una oportunidad de volver a emocionarse. Para quienes llegan por primera vez, es una forma digna de conocer un universo que combina mitología, familia, descubrimiento y aventura.
Cómo entrenar a tu dragón (2025) no es solo una adaptación exitosa, también renueva esa sensación a todos aquellos que alguna vez soñaron con volar sobre el lomo de un dragón.







