La nueva campaña de Xbox, titulada “Esto es una Xbox”, no solo representa una propuesta de marketing: es una declaración de intenciones sobre hacia dónde se dirige el futuro del videojuego. Bajo esta frase se esconde una visión que, para algunos jugadores tradicionales, puede parecer desafiante, incluso amenazante, pero para quienes han seguido la evolución del medio desde sus primeras etapas, esta campaña representa un cambio de paradigma tan inevitable como necesario.
La propuesta de Xbox es clara: convertir cualquier dispositivo, ya sea una consola, un televisor, un computador o un celular en una puerta de entrada a su ecosistema. Gracias al juego en la nube, ahora es posible iniciar una partida en consola y continuarla en otro dispositivo, sin interrupciones, con funciones como el Quick Resume y el Play Anywhere, que ya están cambiando la forma en que se juega.

Pero como todo cambio estructural, la recepción no ha sido unánime, las redes sociales se inundaron de opiniones encontradas, algunos usuarios celebraron la apertura de la plataforma, mientras que otros la condenaron como una pérdida de identidad. Incluso surgieron memes que comparaban a Xbox con Sindrome, el villano de Los Increíbles, lanzando aquella frase: “Cuando todo sea una Xbox, nada lo será”. Para algunos, la marca estaba renunciando a su lugar en la llamada “guerra de consolas”; para otros, simplemente estaba evolucionando con los tiempos.
Sin embargo, esta visión no llegó de la noche a la mañana. Desde el E3 de 2019, cuando Phil Spencer subió al escenario y habló de xCloud, la nube ha sido un pilar en la estrategia de Microsoft. Incluso antes, con el fallido experimento de Google Stadia, la industria ya apuntaba a la descentralización del hardware. Xbox, simplemente, fue más paciente y estratégico.
Quienes ven este movimiento como una traición a la identidad de la consola, ignoran un problema estructural más profundo: el modelo tradicional ya no es rentable. Las consolas se fabrican a pérdidas y dependen de la venta de videojuegos para recuperar la inversión. Pero en un mundo donde los servicios como Game Pass, Epic Games Store, Humble Bundle y los juegos free-to-play dominan el mercado, el jugador promedio compra menos juegos que antes. Muchos compran una consola, pero nunca invierten en títulos de catálogo, La monetización se ha desplazado hacia otros modelos.
El fenómeno de los juegos como servicio y el dominio del mercado móvil, donde títulos como Genshin Impact o Clash Royale generan ingresos colosales con mínima inversión inicial, evidencia una industria Triple A estancada. No es una crisis, pero sí una transición. La industria, tal como la conocimos en los años noventa y dos mil, está dando paso a un ecosistema mucho más fluido y transversal.

En ese contexto, Xbox no está perdiendo identidad: la está ampliando. Hoy, la consola ya no es el único punto de acceso, gracias a funciones como Quick Resume, es posible cambiar de juego en segundos, incluso retomar una partida en mitad de una cinemática, y no solo desde la consola: el mismo juego puede continuar en el PC, en un portátil o en un televisor con una app compatible. Esta es la verdadera “identidad” que Xbox está construyendo: una experiencia fluida, portátil y compartida.
El problema es que aún existe un fuerte apego emocional a las plataformas, no al videojuego como medio, sino al dispositivo que lo reproduce. Durante décadas, la discusión se centró en cuál consola era mejor,la guerra entre Super Nintendo y Sega Genesis marcó a una generación. Ver a Sonic en una consola de Nintendo parecía impensable… hasta que sucedió. Y pasó lo mismo con Halo, Gears of War y Alan Wake: títulos emblemáticos de Xbox que muchos, incluyéndome, conocieron primero en PC.

Este tipo de apertura no es una traición. Es una respuesta natural al mercado actual. La afirmación de que “una consola necesita identidad” sigue vigente, pero su definición ha cambiado, ya no se trata de exclusividades, sino de servicios, de funcionalidades, de accesibilidad. ¿Cómo negar que una Xbox Series S, con sus múltiples prestaciones, no es hoy uno de los dispositivos más versátiles para jugar?
Actualmente, los videojuegos deben poder jugarse donde y cuando uno quiera. Una partida de Resident Evil 2 puede empezar en consola, continuar en el computador, y luego retomarse en el celular, y no es solo una promesa: ya es una realidad. Incluso sin usar la nube, funciones como Play Anywhere permiten este tipo de experiencias.
Lo que muchos no comprenden es que Xbox sí tiene juegos, con eventos como el Black Friday, y precios cada vez más competitivos, se ha vuelto más fácil que nunca construir una colección sólida, pero claro, para lograrlo se necesita un nivel de compromiso que va más allá de lo casual.

Esta campaña no busca destruir el legado de Xbox, busca adaptarlo al siglo XXI, donde el jugador promedio no está atado a un solo dispositivo, el futuro no es la guerra de consolas: es la interoperabilidad,la posibilidad de que una PlayStation, un celular Android o un Steam Deck puedan correr juegos del ecosistema Xbox no es una amenaza, es una victoria para el videojuego como medio.
Quizás algún día ya no se necesiten etiquetas, tal vez llegue el momento en que solo importe el juego y no la consola, para muchos veteranos de esta industria esta visión no es solo inevitable: es profundamente esperanzadora.







