La película Bring her Back inicia con una premisa aparentemente cotidiana: una madre que recientemente ha sufrido una gran pérdida acoge a dos jóvenes hermanos en busca de un hogar adoptivo en Estados Unidos. Pero, rápidamente, la historia toma un giro oscuro y perturbador, revelando que esta madre tiene intenciones mucho más siniestras de lo que aparenta a simple vista.
Dirigida por los australianos Michael y Danny Philippou, conocidos por su película Talk to Me, Bring her Back nos sumerge en la historia de Andy y Piper, dos hermanos que, tras la muerte de su tutor, son asignados a la casa de Laura, una terapeuta reconocida por su trabajo con jóvenes en situaciones similares, lo que los chicos desconocen es que Laura ha experimentado una pérdida personal que la ha llevado a explorar rituales y prácticas oscuras con la esperanza de traer de vuelta a un ser querido, desencadenando así un caos que da origen a la trama central de la película.

A diferencia de muchas películas de terror, Bring her Back no se centra en los típicos sustos repentinos ni en efectos espectaculares. Su fuerza radica en lo incómodo de las situaciones y en la construcción de la tensión psicológica. La película muestra de manera visceral cómo los personajes enfrentan sus traumas y cómo la atmósfera del hogar adoptivo se vuelve cada vez más opresiva, la hermana Piper, casi ciega, y Andy, que asume un rol protector, deben enfrentarse a una realidad perturbadora mientras lidian con los secretos de su madre adoptiva y la presencia inquietante de su hermano Oliver.
El desarrollo de los personajes es uno de los puntos más fuertes del filme. Laura, interpretada con gran intensidad, provoca una montaña rusa de emociones en el espectador: odio, repulsión, y a veces, incluso empatía. Por su parte, Jonah Phillips, quien interpreta a Olly, entrega una actuación que logra inquietar y mantener al público al borde del asiento, mostrando la complejidad de un niño poseído y perturbador. Aunque el reparto no incluye actores de renombre, todos cumplen a la perfección su papel, transmitiendo la tensión y el dramatismo que requiere la historia.La película aprovecha al máximo un presupuesto moderado, estimado en unos 15 millones de dólares, para crear una experiencia intensa a través del sonido, la iluminación y el maquillaje, en lugar de depender de efectos digitales exagerados.

Este enfoque permite que cada escena, aunque a veces lenta y deliberada, genere una sensación de realismo y suspenso que mantiene al espectador atento a cada detalle. La banda sonora y el diseño sonoro contribuyen significativamente a la atmósfera, sumergiéndonos en un mundo donde lo inesperado y lo grotesco se entrelazan.
Bringer Back también destaca por su capacidad de dejar al espectador reflexionando incluso después de los créditos. La película se percibe como autoconclusiva, pero sugiere preguntas sin resolver y giros que podrían dar lugar a una secuela. No se trata de una película de sustos fáciles, sino de una propuesta que incomoda, hace pensar y desafía al espectador a enfrentarse a situaciones perturbadoras desde un enfoque psicológico y emocional.
En definitiva, Bringer Back es una obra de terror que rompe con lo convencional. Para quienes buscan una experiencia que combine horror, tensión y un guion bien trabajado, esta película es altamente recomendable. Vale la pena disfrutarla en pantalla grande, con un buen sistema de sonido, para apreciar todos los detalles que la hacen única. La película no solo ofrece un terror diferente, sino que también invita a reflexionar sobre la pérdida, la manipulación y los límites de lo que estamos dispuestos a hacer por quienes amamos.







